El recuerdo de aquel año no podía volver a Beatriz, su mente estuvo dormida desde que encontró a su padre con la pistola en su mano y el rostro destrozado.
Para Beatriz saber de ese año lo era todo, pero por más que intentaba recordarlo su tiempo actual se secaba. Buscó cada instancia, aún las más dolorosas para lograr recordar, pero sin resultado alguno.
Al pasar el tiempo comprendió que su vida no podía girar en torno a la muerte de su padre; sin embargo, un inusual suceso le hizo recordar dos días previos a ese trágico momento de su vida. Confundida decidió ir a caminar por el parque y encontró el árbol de la esperanza que su padre le había mostrado alguna vez de pequeña. Una vez arriba un extracto de su vida pasó frente a su sombra.
Las personas que transitaban por el parque miraban con extrañeza a Beatriz, lo cual perturbó sus pensamientos, haciendo que cayera en el pasto. Una vez en el fondo del recuerdo una extraña sensación de poder la hizo levantarse. Se dirigió a su antiguo hogar, donde alguna vez dejó un trébol de cuatro hojas que había encontrado en las cercanías del árbol de la esperanza. Ella lo buscó en el altillo, bajo una madera que estaba suelta dentro de una caja que contenía sus grandes secretos de pequeña. Abrió la caja y tomo el trébol, lo acercó para leer una inscripción que ella hizo cuando chica con una lupa. Esta inscripción indicaba un árbol en particular del jardín. Se dirigió hacia aquel lugar y encontró unas letras y unas escaleras talladas en los pies del árbol. Luego de anotar las letras corrió a la escalera de la casa y dentro del fierro del pasamanos había un papel escrito por su madre que decía: querida hija mi partida es lo mejor para ti y tu padre, pues yo sólo soy una molestia para él y un mal ejemplo para ti, espero lo entiendas.
Tras los llantos de haber perdido a su madre se va a otra habitación. Las letras encontradas eran la clave de una caja de seguridad de su mamá. Se dirigió a abrirla y ahí encontró unas fotos en que aparecía Eugenia, su madre, golpeada, sangrando y unos escritos donde maldecía a su agresor, su mismísimo padre. Aterrada corrió donde él y en un pestañeó lo encuentra con la pistola en su mano y el rostro destrozado. Vuelve a olvidar todo con aquella imagen y cae al suelo. Al despertar se encuentra amarrada en una habitación de un manicomio.

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