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jueves, 9 de septiembre de 2010

CONVERSACIONES DE AL-AHIM Y SU BURRO AL-HEM

Un día, de entre los días de aquella primavera, Al-Ahim muy temprano se montó en su burro y lo dejó trotar a la deriva de su conciencia, preguntándose dónde lo llevaría aquel día.

Vio con asombro que aquella mañana trotaba con más entusiasmo que nunca y este inusitado cambio le impedía meditar sobre todas las cosas que veía en el camino. No obstante, se contentó diciendo: “El de hoy es un día de repaso rápido al libro de la vida”.

A todo esto vio que Al-Hem, que así era el nombre de su burro, rebuznaba de alegría y aceleraba el trote hacia un pequeño manantial de agua. Entonces comprendió la inusitada actitud de su amigo y le dijo: “Hoy, más que por tu conciencia, te has dejado llevar por tu sed”. Y él le contestó: “Cuando una rueda necesita grasa, chilla hasta que se la echan. Pobre de aquel que lo deja para mañana, porque mañana no podrá hacer ni lo de hoy ni lo de mañana”.

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Mientras paseaban, dialogaban acaloradamente Al-Ahim y su burro Al-Hem. Al-Ahim decía: “Bien sabemos por los libros sagrados que el hombre es el ser más elevado de la creación sobre este planeta”.

Y Al-Hem decía: “Lo que dicen vuestros libros, sólo os interesa a vosotros y además no es una prueba seria para demostrar lo que dices”. Al-Ahim le repuso: “¿Y qué pruebas tienes tú para demostrar lo contrario?”

Al-Hem le contestó: “El no tener libros sagrados”.


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«Conversaciones de Al-Ahim y su burro Al-Hem», donde AlHem son las circunstancias y Al-Ahim un «yo», es una forma de presentar la existencia cotidiana desde dentro de ella.

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