Powered By Blogger

jueves, 25 de noviembre de 2010

Despierto

Despierto cansado y harto de todo, con muchas ganas de no hacer nada y quedarme en la cama todo el día, dormir un rato bien largo. Misto el duende que vive en mi patio, le tira la cola al gato y ríe todo el tiempo. Me levanto como puedo, mi cama ya está hecha , ya estoy vestido, salgo de mi pieza y en el patio acaricio a mi perro, que me hace gracias, entro a la cocina y me preparo un café mientras mi madre se va al trabajo sin despedirse, debe estar enojada por la borrachera que me pegué el otro día, bueno se le va a pasar pronto siempre se le pasa, aunque en los últimos días la he visto más triste de lo normal, a veces intento hablarle, pero algo me lo impide, algo me hace olvidar lo que tengo que decir. Misto me pide un cigarro, le digo que nuestros cigarros lo terminarán matando, me responde que 400 años son bastantes, que no le preocupa demasiado y que a mí tampoco debería – “Bien, toma pero fúmatelo afuera”- le digo.

Estamos fumando en el patio sentados en el pasto, la suave brisa golpea mi cara – “hoy pasa Beldfor” – “¿en serio?”- “no podré acompañarlos tengo mucho que estudiar”, el duende sonríe -“no tienes que hacerlo” me dice. No entiendo el porqué pero no me importa demasiado, de pronto aparece Beldfor girando por el cielo  desciende  y se posa en el techo, haciendo movimientos que nos invitan a subir a su lomo, volamos muy rápido sobre las nubes por encima de las cumbres, ya no siento vértigo como al principio, ni me da miedo el que nos puedan ver, porque ya sé que nadie puede vernos. Volar es la mejor sensación del mundo es el alma vagando libre por el espacio, paisajes, pasto, árboles, animales, casas, el mundo se sucede bajo nosotros.

Dejamos de volar y caminamos por un cerro hacía una quebrada entramos a una pequeña cueva donde vive Caraos, un viejo amigo de Misto lo hemos visitado antes pero no recuerdo bien cuando, tengo la sensación que siempre es algo nuevo, conversa con Misto en una lengua extraña que no puedo entender, que no puedo seguir, ríen y hablan de mí, eso lo sé, son muy poco disimulados, fuman y beben un extraño brebaje los observo distante y me duermo con las horas. Estoy en el patio de Karina mi novia, trepo a su árbol y la miro dormir a través de su ventana, quiero ir y hablarle, pero algo me lo impide, quiero contarle mis aventuras con los duendes, con Beldfor, invitarla a que nos acompañe pero olvido las palabras estando parado sobre ese árbol, siempre es así, siempre en estas interminables noches de luna llena, siento que la amo, siento que la olvido, siento que vago, siento la pena inmensa en mí pena de estar prohibido para ella, a causa de las reglas infranqueables de la vida. Me siento en una rama del árbol como siempre y lloro hasta quedar dormido.

Despierto cansado y harto de todo, con muchas ganas de no hacer nada y quedarme en la cama todo el día, dormir un rato bien largo. Misto, el duende que vive en mi patio, le tira la cola al gato y ríe todo el tiempo. Me levanto como puedo, mi cama ya está hecha, ya estoy vestido, salgo de mi pieza y en el patio acaricio a mi perro, que me hace gracias, entro a la cocina y me preparo un café mientras mi madre se va al trabajo sin despedirse, debe estar enojada por la borrachera que me pegue el otro día, bueno se le va a pasar pronto siempre se le pasa, aunque en los últimos días la he visto más triste de lo normal, más vieja de lo normal.

Felipe Roco

No hay comentarios.:

Publicar un comentario