La incertidumbre de creer que todo marcha bien, significa no poder cruzar el limbo de lo real o lo imaginario. Allá, por el año 2000, se veía venir un fuerte hecho personal que iría en contra de cualquier estado anímico y de salud mental que tendría Samuel.A su corta edad, soñaba con ser un famoso astrónomo, donde podría cumplir un sueño de pequeño, el poder sumergirse en las olas de la constelación de Anamínides y mostrarla al mundo en los libros de ciencias, como Samuel Linch, surcó por los mares del espacio, gracias a un Lightfly.
Contaba con las ganas, ideas, ingenio, talento, materiales y un apoyo que escapaba a toda lógica basada en la ciencia, era como si cada aliento emitido del más allá, estuviera diciendo a su oído: - Ahí Samy, ahora corta acá, levanta este madero hasta el techo, toma la escuadra, pero no olvides amarrar esa cuerda antes de probar la vela-. Todo estaba siendo guiado por alguien que sabía lo que hacía, por alguien que soñaba que cada rincón del espacio debía ser visitado por una mente y un alma que no debía poseer la tierra.
Durante la última noche de ajustes finales, Samuel se detiene y comienza a observar cada detalle de su creación, la cual tuvo 8 meses de dedicación y que contaba con una hélice, pedales como la de una bicicleta, un timón y una vela de proporción como de la Esmeralda.
Por su cabeza cruzaban muchas ideas, la principal, saber si podría encontrarse con su abuela que había fallecido hace 3 años, a través de algún portal que lo llevara a viajar por el tiempo o simplemente encontrar eso a lo que todos llaman “el cielo”.
Samuel, no pensaba en nada más que en su viaje y en ese increíble sueño.
La hora llegó y en la noche siguiente tomó su Lightfly por el timón, comenzó a arrastrarlo paso a paso hasta sacarlo fuera del granero, cada paso, era una despedida de miles de recuerdos que tenía, pero él, ya no quería estar ahí, el mundo no tenía sentido sino tenía lo ideal para poder vivir, la felicidad que fue arrancada de cuajo cuando esperaba en aquella sala del hospital, la recuperación de su querida abuela que jamás llegó.
Sobre una colina cubierta de pasto tan suave como la seda, Samuel contempla junto a su Lightfly, esas estrellas y luceros de colores, respira hondo y le dice a su conciencia… “allá voy”.
Su nave lista y dispuesta para emprender ese sueño de viajero se oye a lo lejos, al otro lado de la ciudad, como si también estuviera a un centímetro de su oído…”cuando veas el sol, guíate por él, pronto te llevará a mí”-. Conciencia o no, era una voz suave, algo alegre, pero no sería tan alegre porque era como si algo le faltara. ¿Sería Samuel?- sería la ¿compañía de otro ser?- hasta ese momento, con un profundo respeto y coraje, Samuel responde, “lo haré”.
Samuel comienza a pedalear lo más rápido posible como si su aliento fuera a extinguirse.
La nave de pronto, comienza a guiarlo sin que él pueda tomar el rumbo.
Senderos, prados, animales de todo tipo, pasaban a sus pies, mientras poco a poco el suelo se iba alejando cada vez más. Samuel sabía que no había vuelta atrás, pero también estaba muy tranquilo, porque él creía que su misión en la tierra había finalizado.
Hola Samuel, ¡despierta! - le dice un pez - ¡despierta! - y ve a su alrededor, una playa con olas, arena blanca y una gran multitud de personas de todas las razas. No era la tierra, de eso estaba seguro. Su brújula giraba sin detenerse, pero al mismo tiempo hacía presencia de un maravilloso espectáculo a la orilla del mar, un ocaso enorme que él jamás nunca vio en una película y tampoco pudo soñar.
Su hermano estaba en esa playa, lo estaba acompañando, pero ninguna palabra se cruzó entre ambos, solamente con la mirada podían conversar. Samuel, convencido de que era su hermano, aquel que había dejado de ver hace años, le pide su compañía para explorar la playa.
Ambos caminando por la orilla de la playa, se topan con un risco el cual no dudan en escalar para saber que ocurría en la cima. Al llegar arriba, se percata a una distancia prominente, que su abuela está sentada en un tronco, junto a dos personas más, en un lugar realmente hermoso. Este tronco estaba rodeado de pasto tierno, flores, mariposas de colores, colibríes y árboles que parecían no tener fin, un riachuelo cercano, brillaba tanto que parecía tener escarchas. Su abuela con una sonrisa, cuenta que está bien y a pesar de todo el tiempo que ha pasado, sigue viva.
Samuel con ganas de correr a abrazarla, no puede, como si alguien lo impidiera o no lo dejara pasar, suelta sus lágrimas y agradece haber llegado al cielo.
Su hermano toca su hombro y le dice ¿qué te pasa?- Samuel responde, “nada”, lo vuelve a tocar aún más fuerte, y Samuel responde “nada”, de pronto despierta y con lágrimas en sus ojos, aún medio dormido- mira a su hermano, lo abraza y comienza a contarle lo ocurrido.
Ariel Lillo



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